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Finalizacion del ensayo:Venturas y desventuras del linaje Al-Bas

Acabo de finalizar el ensayo:"Venturas y desventuras del linaje Al-Basri o el andalusi errante"donde expongo cinco historias del linaje Al-Basri,en distintas epocas historicas y con distintos cometidosel primero Ismail como jefe militar en su venida a Hispania;el segundo Naguib como alfaqui en Cordoba en el siglo IX;¡el tercero Salem como cadi en Valencia de Jaime El Conquistador,rey de Aragon;el cuarto ,Nawal como almotacen o zabazoque en Granada de los Reyes Catolicos y el quinto o ultimo,Hisham como fraile de la Orden Franciscana en Pastrana(Guadalajara)y concluye la obra con maximas morales del Sagrado Libro Alcoran.El ensayo esta en manuscrito y ahora me dispondre a informatizarlo quiere decir que todavia no esta disponible para registrarlo.He aqui el capitulo de sus Antecedentes.
CAPITULO PRIMERO

I.ANTECEDENTES

La presencia musulmana en Hispania en el siglo VIII,fue un hecho historico incuestionable.
Hispania, por su ubicación geopolitica en el Sudoeste de Europa fue lugar de transito desde el despertar de la historia, pues primeramente fenicios y griegos, pueblos navegantes hicieron acto de presencia y de forma pacifica y con fines estrictamente comerciales intercambiaban sus productos por trueque con los originarios de la Península.
Seria después Roma la que se asentaría definitivamente, legandonos la lengua latina, vehiculo articular y ejerció una gran influencia en el orden politico, juridico, asi como también en el orden lingüístico, literario, artistico y religioso.
La España musulmana, Al-Andalus, se apartó de su tradición para incorporarse al mundo islámico y la cultura de éste. El mundo islámico, desde la India hasta Al-Andalus, tuvo una cultura uniforme, teniendo como mérito el fundir, en una síntesis gigantesca, la cultura de los diversos países islamizados, la India, Persia, Oriente Medio, Egipto, Norte de África y España.
Este legado cultural de ambas civilizaciones forma parte de nuestra doble identidad.
La presencia musulmana en Hispania fue generalmente tolerada pues a diferencia de la invasión romana que fue cruenta, la árabe para muchos historiadores insiste que no fue propiamente una conquista pues sus moradores abrazaron voluntariamente el Islam.
Esta tesis esta avalada por la ausencia de noticias en las Crónicas musulmanas de la época donde no se citan hazañas, ni hechos bélicos entre musulmanes y cristianos.
La Hispania que encontraron los árabes en la conquista fue la imagen de un Estado sumido en una grave crisis política y económica debilitado por epidemias y hambre y por luchas intestinas de clanes familiares, con la nobleza y el clero dividido y un pueblo descontento como fruta madura, ávido para una invasión.
El resultado fue la fundación de Al-Andalus,que se puede definir como una civilización que irradio luz propia tanto para Occidente como para Oriente.La historia real prueba que la población nativa mayoritariamente arriana y la numerosa comunidad judía recibieron a los musulmanes como libertadores y comulgaron con su fe, costumbres y tradiciones que eran prácticamente las mismas que ellos tenían.
Algunos historiadores españoles, mal intencionados, defienden la ciencia equivocada de que los musulmanes fueron depredadores e invasores de una Hispania con identidad nacional, que posteriormente expulsaría a los indeseables ocupantes.
Los musulmanes no destruyeron nada de las antiguas obras legadas por los romanos, como puentes, acueductos, erigiendo la “cultura del agua” y construyeron monumentos maravillosos que han sobrevivido hasta nuestros días.

Pero, más allá de las obras públicas y arquitectónicas, y los prodigios científicos y culturales que caracterizan Al-Andalus, lo que mejor caracteriza el legado hispanomusulmán es su espíritu de tolerancia.
En la llamada Edad de Oro del Islam, cuando el territorio musulmán se extendía de España hasta la China entre los siglos VIII y XIV, convivían en su seno en un ambiente de libertad y mutuo respeto cristianos arrianos, nestorianos, monofisitas y coptos; judíos, budistas, zoroastrianos, maniqueos e hinduistas, cuyas creencias y tradiciones eran garantizadas por el Islam, por el estatuto de Ahl al- Dhimma, es decir, “Gente del Pacto”. Este concepto de tolerancia que el Islam puso en práctica hace más de 1400 años, Occidente a duras penas, comenzó llevarlo a cabo a mediados del siglo XX.
Una vez, tras la invasión consolidada y pacificada de Hispania, Toledo, que había sido un gran foco de cultura y de arte, fue sacrificada por los árabes, a pesar del interés de apoderarse de la capital del reino visigodo con objeto de no elegir otra.
No obstante, dueños de Toledo, desde el año 713d.C, no eligieron capital a Córdoba, hasta el año 719d.C.
La situación de Córdoba era admirable, bañada por el Guadalquivir, y, en el siglo X, fue la capital del mundo civilizado.
A decir verdad, Córdoba tenía más posibilidades de desarrollo urbano que no tenía Toledo, pero la historia de la civilización demuestra, que grandes ciudades, que, por ser demasiado grandes, pierden parte de su personalidad y casi nunca son focos de civilización.
Córdoba no podía justificar su grandeza material, sino a condición de irradiar su civilización su prestigio por África del Norte.
Los historiadores musulmanes nos pintan las ciudades andalusíes como colmenas de poetas, eruditos, juristas, médicos y científicos, descritos en su obra, con sus nombres por Al-Maqqari.
Es digno de mencionar el apogeo de Córdoba durante la época islámica, que se afirma que tenía una población de casi un millón de habitantes, con 3000 mezquitas, 800 estaban en el arrabal de Saqunda; disponía de 600 baños públicos, el numero de fondas y hospederías era de 1600 y había además 4000 tiendas y comercios, 25 escuelas públicas y el circuito amurallado de la ciudad tenía una superficie de 2690 hectáreas.
Córdoba además tenía un notable y revolucionario sistema de albañales y aguas corrientes, a lo que sumaba una red de alumbrado público y un ingenioso método de irrigación de la vega circundante, a través de norias y acequias, que extraían el agua del río Guadalquivir(en árabe: uadi al-kabir, el río grande).
En esta época, a mediados del siglo X, París y Londres eran aldeas, casi desconocidas, y la mayoría de las ciudades de Europa no musulmana, se hallaban en las más absolutas condiciones de insalubridad y primitivismo.
Al-Andalus llegó a contar con más de 70 bibliotecas públicas, mientras que en la Europa occidental, todo el saber, era únicamente patrimonio del clero.
La biblioteca, del Califa cordobés Al-Hakam II, llegó a contener 400.000 tomos, que el propio Califa había leído todos.
La superioridad cultural de los musulmanes hizo que se impusieran términos jurídicos, que no tenían correspondencia en las estructuras sociales de los cristianos, como alcalde, alguacil, zalmedina, almojarife, albacea, etc...; formas comerciales, como almacén, almoneda, quilate, arroba, quintal, azumbre, almudes, cahices, y fanegas.
La transmisión de técnicas y oficios es patente en alfarero, albéitar, albañil o alarifes que construían alcantarillas.
En la agricultura se utilizan términos como albaricoque, la alcachofa, la acelga, la algarroba, la naranja y el limón, que regaban con agua extraída con norias de los aljibes y albercas, y era conducida a los campos y vergeles a trabes de excelentes acequias de albañilería.
En la garganta de los andaluces contemporáneos resuena, todavía, el eco de la lengua árabe. La misma h aspirada, que sustituye en él habla a la h, como en hondo,o la s como j en sepia>jibia.
Otro encuentro con los árabes ha sido través de los cuentos, especialmente de Las mil y una noches, trofeo maravilloso de la imaginación, modelo esencial de la literatura de todos los tiempos, que leímos de niño, así como La lámpara de Aladino, Los viajes de Simbad y Ali Baba y los cuarenta ladrones.
Los árabes desarrollaron, en la España de los siglos VIII al XV, una cultura mucho más avanzada que la del resto de Europa, en medicina, arquitectura, filosofía y literatura.
Las maravillas de edificios de la época como la Mezquita de Córdoba, la Alhambra, el Generalife, y el Alcázar de Sevilla, son monumentos de la creatividad artística y el gusto por los placeres de la vida que gozaron los árabes en los ocho siglos de vida de Al-Andalus por todo el sur de España, hoy Andalucía.
Dos culturas intermedias alternaron con la cristiana y la árabe: la mudéjar y la mozárabe.
La mudéjar fue el estilo de la escritura o las artes entre cristianos, influidos por los musulmanes que vivieron entre ellos, notoria y se puede observar en algunos de los poemas del Arcipreste de Hita, del siglo XIV.
Mozárabe, era la influencia del mundo romance, dentro del árabe, como las jarchas, versos cortos que los cristianos que vivían en Andalucía escribían en árabe, pero con sonido y significado de español antiguo, llamado visigodo.
Otro tanto hacían los judíos hispanizados, que copiaban en caracteres hebreos, poemas en el romance primitivo, que se hablaba en los siglos VIII y IX.
Finalizada la conquista de Granada por los Reyes Católicos, las gentes andalusíes son sometidas violentamente y puestas bajo las instituciones políticas, jurídicas y religiosas de la Corona de Castilla y aquí comienza el gran drama.
El sistema centralista instituido por los Reyes Católicos que se basaba en la unidad política y religiosa tuvo como mayor promotor al Cardenal Cisneros, que fue quien mejor representó los intereses monárquicos y los intereses de la Iglesia, seguido después por el Emperador Carlos V.
Los cambios sobrevenidos tras la conquista de Granada fueron de tipo burocrático-teocráticos donde reconstituyen firmes unos ideales neogóticos, basados en un sistema de valores en donde la fe, la sangre y la espada están unidas. Es un período triste marcado por la limpieza étnica y el genocidio de un pueblo.
La representación fue muy dura y a los miles de víctimas de la guerra de Granada, hay que sumarles los que por no aceptar la derrota se sublevan y son aniquilados por la mal llamada, “Santa Inquisición”. Otros cientos de andalusíes son expulsados y condenados a vivir en el triste exilio y otros que optan por la clandestinidad y se ocultan en los bosques, son perseguidos por las tropas castellanas, incendiando frondosos bosques para evitar su refugio.
Se les prohíbe su idioma, religión, usos, y costumbres propias y su cultura es desposeída en códigos de derecho para su defensa jurídica.
En el periodo de 1609-1614 por el fracaso la política castellana y el asentamiento de los andalusíes en las costas mediterráneas de la Península, se producen nuevas deportaciones en masa, decretadas por el rey Felipe III y llevadas a cabo por sus validos, el Duque de Lerma y el Marqués de Siete Iglesias, D. Rodrigo Calderón.
No obstante, los vencidos, los oprimidos, sean “cristianos nuevos”, de moro o “cristianos nuevos” de judíos son completamente discriminados por considerarlos de “sangre impura”. Esta forma peculiar de cristianismo hispánico, es la interpretación menos piadosa de aquellos pueblos que Vivian obsesionados por nociones de “limpieza de sangre” y que proliferan los Estatutos que excluyen de los cargos determinados, no sólo a los conversos sino también a sus descendientes.

En fecha del 22 de septiembre de 1609, se publica el Edicto de expulsión, donde se justificaba esta decisión por la correspondencia de los moriscos con los enemigos de España en referencia los turcos y la necesidad de aplacar a Dios y al Papa” por las herejías de aquellos” y por tanto el fracaso de los esfuerzos para convertirlos, el Rey había decidido enviarlos a todos a Berbería.
La expulsión de los moriscos supuso una gran pérdida a la malograda economía española de los últimos Austrias pues la población morisca era muy laboriosa y conocedora de las técnicas explotaciones agrícolas en el Levante español.
La expulsión de los moriscos y judíos es uno de sus episodios más vergonzosos y aberrantes de nuestro pasado histórico, pues no hay ni entonces ni actualmente nada que se pueda argumentar ni razones justificadas que avalen tal crueldad e injusticia contra estos grupos étnicos, íntegramente españoles, que fueron separados por la fuerza de su solar patrio, lugar de origen de sus generaciones pasadas.
Es la hora de la reparación moral de este crimen colectivo que se cometió contra estas gentes inocentes por un inexistente delito de seguir la religión de sus mayores en referencia a la creencia en el “Dios único” en el que creen al igual, el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam.
Será el Estado español quien le corresponde la reparación de este craso error histórico y deberá propiciar el reconocimiento de su nacionalidad y el derecho al retorno para aquellos que deseen volver a la patria de sus mayores.

Fdo:Julio Reyes Rubio "Al-Mayriti"